Nos encanta el pato, en todas sus versiones, ese sabor fuerte que combina a la perfección con salsas y guarniciones con un toque dulce es, para nosotros, una delicia. Sabemos que hay gente que es reticente a probarlo, pero recomiendo probarlo al menos una vez, y si no gusta con no repetir ¡listo!
El magret es la pechuga de un pato cebado La pieza de magret se hace entera a la plancha o en una sartén, en la misma grasa que suelta la piel de la carne, y se corta en filetes antes de servir. Se consume poco hecho, pero nunca crudo, y se deja reposar unos minutos antes de servir. En las primeras recetas creadas por su inventor, André Daguin, servía el magret con salsa de pimienta verde o con setas, pero se sirve frecuentemente con vinagre balsámico, vino Pedro Ximénez, miel o frutas rojas.
Por lo que hemos leído de esta pieza de carne en Internet, a pesar de que parece haber sido conocido desde hace mucho tiempo, el magret es una invención reciente. Tradicionalmente, la carne del pato cebado se preparaba en confit, y el asado entero se reservaba al pato ordinario. Fue André Daguin, chef del Hôtel de France en Auch (Gers), el primero en idear esta forma de preparar los filetes de pato cebado a principios de los años 1960.
Esta vez, teníamos una hermosa piña esperando en la nevera, y como era el maridaje perfecto para nuestro magret, nos pusimos manos a la obra.
Magret de pato
Oporto
Media piña natural, reservando dos trocitos para decorar
Cardamomo
Semillas de cilantro
Sal
Trituramos la piña para hacerla zumo, lo colamos. En un mortero molemos un poco las semillas de cardamomo y de cilantro.
En una cazuela echamos el oporto y lo dejamos reducir con el zumo de piña y las semillas de cardamomo y cilantro. Cuando la salsa empiece a espesar la retiramos del fuego.
Hacemos el magret a la plancha, ¡sin nada de aceite, ni una gota!; le hacemos unos cortes trasversales a la piel, salamos y empezamos a hacerla por ese lado a fuego medio, dejando que suelte su grasita. Cuando esté bien hecho, le damos la vuelta. Recordad que el pato no hay que hacerlo demasiado
También doramos los tacos de piña que teníamos reservados en una plancha; y emplatamos el magret con la salsa y la piña dorada
Con un buen vino tinto, un postrecito y buena compañía... tenéis la cena perfecta.

